Una cama, un rito
el trinar de los motores
tras el sueño almidonado
y despertar
cuando no hay más latidos
apurar la copa
el mal aliento compartido
los unos y los otros
remando la acera hacia otro día
que camina resignadamente
hacia la misma noche
Nosotros ajenos reímos
improvisamos un desayuno
de nuevos crímenes, cotidianos
No hubo análisis en aquél Primer día
de acierto o error disuasivos
Lo que enseña la crueldad de la Historia
allende Dios y ya de la mano del hombre:
Conquistar primero a sangre y fuego
civilizar por siglos después
Como si te faltara un solo día
vivir de un solo pan,
de una sola lágrima y un solo escopetazo
Prolongada expiración
como si la muerte, ufana y hermosa
te esperase, las piernas abiertas
en un mustio burdel de zuavos
o en un cuartucho, a un girasol abrazado
Sonriéndole a cada temor
vivir a cada distancia
en cada sombra
dudando de lo que ellos han profanado como realidad
Vivir como si el mundo esperase deseoso tus gritos
como si La Belleza dependiése únicamente de tus ojos
-y de tus oídos, de dos o sólo de uno...
tu carne erotizando el gozo de los cipreses
como el sueño del sembrador
siendo un horizonte
si acaso el pez nupcial de los orígenes...
Vivir la fragilidad de la piedra
la dureza de El Sena
la inocencia salvaje y felina - de tu mirada
los cuerpos celestes que te abruman
en la noche, en el delirio indeleble del ocre
soportando tus sueños que son cuervos, letanía de tus colores
Vivir siendo el sucio y eterno roedor, osadía de esta Alcantarilla
la pureza de la Imperfección
sin la civilizada cobardía soterrando...
El elipse y aquel cruento empeño en ir más allá de Dios
más allá de los campos de trigo
más acá de este almendro en flor
delgado y tímido
ha empujado su sillita
levantado la tapa
contemplado las teclas,
esos naipes vivientes
y empezó a cantar, con los dedos...
Mompou abre el silencio y lo convierte en éxtasis
en una múltiple transfiguración de cristos