el recurso apologético siempre
como torpedo de un millón de intestinos
en la plétora amarilla
de orín de perros, de calamidades
bajo el albornoz
cuán larga es la pesadilla
que si tuviera que amanecer
en la posada diluvial
lo echaría a patadas el salvaje demiurgo
y si la mañana le hablase
de mujeres que sangran en su desnudo
que se desnudan en su sangre
y se pudiera esconder a los atavíos
de los anuncios de empleo
bajo un mostrador de ultratumba
de repente su carne se desplegaría
como un libro de reclamos
y yo no sé
que alguien lo escuche.
tamaña historia no pretende
que le atemos a los dados
los confines de su miedo
quizá el azar
quizá el delirio
podrían haber cocechado
un continente yermo de deseos
un puñado de renuncias
un crepúsculo babeante de aquel vino rancio
y aún así
cuando sale a caminar
los horrores de una fiesta interminable
le hacen
cagar de risa