Si no vas a crear algo que rivalice en bondad con el silencio, desiste.
A menos que seas Mark Hollis.
"Todo el problema de la vida es éste: cómo romper la propia soledad, cómo comunicarse con otros" - Cesare Pavese
cada vez me siento menos interesado en que mi música "suene" a música, me refiero a un sentido estricto en cuanto a producto estético, o en el peor de los casos, en tanto producto cultural de entretenimiento. Y ni siquiera lo tomo como una pretensión a que no suene a ello en el sentido que le dan los "experimentales", los "vanguardistas". Me refiero a que la resonancia en lo que compongo tiene más puntos de resonancia con los grandes pasajes que he leído de H. Miller, de Dovstoievsky, Sábato. O los portentosos y a la vez delicados versos de Tomas Transtromer, Vallejo o Kennett Patschen; o las visiones proféticas en la diapasón del color en los cuadros de Van Gogh, El Bosco o Paul Klee. Me refiero a que no sea arte o solamente arte, sino manifestaciones de otro orden, que ni siquiera me pertenecen, aunque del egotismo no pueda zafar sin pagar un precio alto. Ir más allá de la música, porque en un sentido más noble es menos que música, es un grito de desesperación propulsado sobre la última gran montaña el mundo.
No es esta infame espera
la más absoluta confesión
no es este pasado que devora
los contubernios de tu pez llagado
con tu huella dactilar circunscrita
con tus límites gimientes y tu anverso llorado
tu demiurgo que baila solemne sobre cementerios
sobre mulas ansiosas, anodinas
y también
sobre los besos marchitos sobre piel marchita
fracasos de una traición postergada
que iniciará cuando un pie siga a otro pie lacerado
por un camino que surtió efecto a los siglos de siglos
de conquistadores, de máquinas efervescentes
como la carroña que alimenta el futuro y danza
sobre dioses paralíticos emponzoñados de ciencia
.era un niño. un universo el que cabalgaba
sobre el yermo odio de los hombres
parapetándose sobre sus iniquidades y flaquezas
de cientos de kilos de carne desperdiciada
en la memoria de las naciones
frágiles como pieles y ceniza
incubando suertes y malignidades y persecuciones
frágiles como cantos que el viento otorga frágiles
como tu voz ausente en la pradera de nuestro deseo liquidado
como cuando quinientas promesas sonámbulas penetraron tu cuerpo
para expulsarte del paraíso, como cuando un infinito adán decidió
cometer el mismo error bajo el mismo árbol, o como cuando el perro abjuró
bajo la mirada absorta de un santo entumecido por la inanición….
cuánta frialdad la cabeza del cerdo desquitada,
tumultuosa insignia
irreparable corcel
héroe imposible que llora su año su día, su minuto su segundo,
cuánto dolor solamente en la cantidad de puntos
dirigidos hacia un norte que corre hacia el nadir
en una sima incestuosa de arcángeles de polos sucumbiendo
en el centro de tu aurora falaz de una ausencia que estalla
en cada mirada en cada cuerpo en cada latido y que se oye
en un albur de inconciencias. la manta. que arropó tu sueño la manta
que arropó tu asombro la manta que recogió
la dicha pequeña de un instante
de un minúsculo momento
de una partida tu partida
por la cual no-nacer siempre
quedarse siempre
encogerse siempre
volar a salto de mata en rincones fluorescentes de culpas
quiñados en sus fiestas feroces y que en su manija
descoyuntase la paz los vencidos la paz y la corteza la consumición
el orden resplandecido y tu mano frágil doliente
y suave para expulsar
todos los fetos engendrados por el armazón de la muerte
y el peligro y la célula fluvial
en úteros confiscados por el amor
y el amor por el amor
y tu amor
dormitando en tu amor
desamorado
aquí está la muerte
con sus muletas, desorientada,
rota, doliente y entredicha,
pero...-entre dicha y dicha- se desploma
bajo el árbol del asombro de un edén marchito
aquí renuncia la muerte
sonriendo apacible, perdonada,
y en el hundimiento de la peste
somete su postrer descanso...
tras el descenso de la última lágrima
un niño eterno le acaricia la frente
se recuesta en su regazo
y su sueño vela