aquí está la muerte
con sus muletas, desorientada,
rota, doliente y entredicha,
pero...-entre dicha y dicha- se desploma
bajo el árbol del asombro de un edén marchito
aquí renuncia la muerte
sonriendo apacible, perdonada,
y en el hundimiento de la peste
somete su postrer descanso...
tras el descenso de la última lágrima
un niño eterno le acaricia la frente
se recuesta en su regazo
y su sueño vela