miércoles, 20 de octubre de 2021

de dónde agarrarme para que las trizas circunden mi deseo

cada vez me siento menos interesado en que mi música "suene" a música, me refiero a un sentido estricto en cuanto a producto estético, o en el peor de los casos, en tanto producto cultural de entretenimiento. Y ni siquiera lo tomo como una pretensión a que no suene a ello en el sentido que le dan los "experimentales", los "vanguardistas". Me refiero a que la resonancia en lo que compongo tiene más puntos de resonancia con los grandes pasajes que he leído de H. Miller, de Dovstoievsky, Sábato. O los portentosos y a la vez delicados versos de Tomas Transtromer, Vallejo o Kennett Patschen; o las visiones proféticas en la diapasón del color en los cuadros de Van Gogh, El Bosco o Paul Klee. Me refiero a que no sea arte o solamente arte, sino manifestaciones de otro orden, que ni siquiera me pertenecen, aunque del egotismo no pueda zafar sin pagar un precio alto. Ir más allá de la música, porque en un sentido más noble es menos que música, es un grito de desesperación propulsado sobre la última gran montaña el mundo.