miércoles, 6 de abril de 2022

He empezado a retomar la transcripción de notas de los pasajes más poderosos que leo últimamente. Hay algo mecánicamente misterioso en esa práctica. Ciertamente un repaso pero también una antorcha, volver a transitar la ciénaga con la luz espiritual de seres de carne y hueso...Esto ha hecho que piense: hay una pequeña revolución o revoluciones que hay que emprender ya. Y esto es subvertir este orden horroroso donde todo al parecer está filtrado por un imperativo de CONSUMO, todo debe estar justificado en la medida del beneficio y el agotamiento de cualquier artificio. Desde la comida, al amor e incluso la cultura. Me he encontrado desolado agarrando un libro, leer y dejarlo, agarrar otro, leer, dejarlo...emocionado pero desgastado...sin sentido...como un orgasmo que desemboca en la nada, en la indiferencia del tiempo, de su cáncer anabólico, vuelta espalda desnuda...un tiempo que vuelve a gritarme en el oído: VE A LO SIGUIENTE, HAY MÁS, HAY MÁS! 

Pasa con la música. No se puede estar en la posición de crear todo el tiempo, un prurito antinatural como si acicateara al ganado: es la muerte misma...hay que ocuparse, incluso SI NO SE HACE NADA. Y la ocupación debe ser para con la vida como uno encalla en el alimento que comemos con atención, a merced dichosa de sus nutrientes, de su impostergable necesidad fisiológica. Por otro lado, el imperativo del consumo implica agotar las fuentes del deseo, pasar otro, saltar como una pulga hacia un nuevo cadalso...Hay que tomarse en serio el ALIMENTO, como la savia, el libro, la música, el ser amado, los fenómenos todos...

Todos deberíamos aprender del Sembrador...el más sublime de los oficios.