Cuando expulsada sea del paraíso
la inocencia alzada en armas
y desollada por las serpientes sea
del acero y la metástasis
cuando el bramido de la sangre
de los que nunca fueron auscultados
se una al estentóreo bermellón de aquella noche infinita
y tengan los peces que devorar nuestros barriles de mezquindad
y nuestros orines ponzoñosos
cuando la música de los elementos
haya dejado de sonar en el corazón del hombre
y sea indispensable trasplantar a sus venas
la savia escurrida por las riveras de la locura
O cuando Dios no resuene ya en todas y cada una de las cosas
y more en las baldosas de un templo en llamas
acribillado en la bolsa de valores
descoyuntado en las fauces de las máquinas concupiscentes
O cuando el mar se haya retirado
para inundar las reticentes islas
de los que dejaron selladas sus puertas y sus bocas
y cuando sus cabezas sean cercenadas, puestas en valor
en las ferias de la abundancia que los cuervos asolan
y dejen los restos mutilados repartirse
entre la menudencia
de los gimnasios y los anaqueles virtuales
cuando se celebre el milagro económico
de un centenar de cristos crucificados
en el lujurioso Gólgota del rascacielo, el semáforo y el neón
sobre la extendida sombra de un alma empalada por la miseria y el olvido
O cuando no haya canción que perpetrar ya
en el eco abrumador
de la carne y el plástico fornicando
en el eco abrumador
de la carne y el plástico fornicando
y no se pueda oír más el silencio maternal
de la algarabía de la Creación.
Tan sólo el ruido de los neumáticos
triturar los huesos púberes de la esperanza
Cuando a la alborada, el milenio abra a las fieras las compuertas
para que así depositen sus heces
en nuestros modestos y pequeños
jardines
y engullirse los nidos de nuestros sueños retoños
O, tal vez,
cuando no haya reptil que no se avergüence ya
cuando no haya reptil que no se avergüence ya
de haber engendrado a su propio asesino.
Violenta resonancia de las exhalaciones:
Cuando todos estos signos se hallasen consumados
la acera de una monótona calle
como muchas en China y en el mundo
oirá el rumor del último canto.
Horadada por un cuerpo celeste
llamado Xu Lizhi.

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