jueves, 8 de enero de 2015

27 de diciembre del 2010. 1:34 am

Pienso en Ligeti mientras escucho a Ravel. Y extraño las lecturas de Bukowski por sus dosis –en aquellos días- de despreocupación macerada en descarnada profundidad. Pienso en Ligeti por las formas, la proyección, los conceptos de la vida con su incandescente transformación. Gozo en Ravel el color –los- todos ellos: verdes, fucsias, blandos y generosos, azules como el sueño del océano siendo Júpiter. Veo el vals sobreviniéndose, me rodea y luego me mece. Recuerdo a Bukowski por su maltratado rostro, región volcánica que ocultaba la lava de la misantropía comprometida, aquella que deja ver la melancolía por un renacimiento de la comunión humana. De la verdadera.

(...)

Siento mi soledad resonando como violines que emanan armonías austeras, controladas pero aún tensas. Tensas como el inicio de una obra de Messiaen, con que deleito estos últimos minutos de mi corazón antes de dormitar.

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