martes, 6 de enero de 2015

Domaudo

...de donde se reclama todo...el caminar, la profesa margen de la historia, el peligroso desorden de los otros. el reventar de las nueces enmarañando un real, un pulpo oreste que mata a su madre, la congela, la hace salvaje y tierna, espada dulce...

yo no he mentido sobre las cales de los idiotas espejos, los resonantes ojos que surcan cada uno de mis inquietantes reveses, resolana de paz...maligna advertencia de la dicha, arrastra la cima de los peces hambrientos, alados peleles...y el viscoso momento en que las sales se someten a las amígdalas finales, los reptiles austeros, pretéritos goces de los orígenes...

¿yo qué? habré visto una estepa donde poder asentarme, y colocar mis manos, sacudir la tierra, telúrica sombra, telúrica indemne, telúrica muerte...regreso para mirar los campos fallecidos, resplandecientes de inanidad...¡las vertientes! los ángeles vienen, pululan... los veo recostarse en mi jardín, hablan de los libros más impenetrables, de la viralidad del Dios, de la profecía del no-hombre...omiten las salvaciones, perdonan la abdicación. y tú, mujer...¿habrás visto tamaña fiesta alrededor de nuestra enfermedad?...te sorprendes, emites la risita...la miel del durazno que se sacude en mis dedos. agua repentina, canales de fuego hacia nubes encriptadas...¡no dicen nada!...nos damos vuelta y seguimos con el manifiesto. las aves aplauden. los ciegos cortan el árbol, llevan los nidos hacia la máquina, arrastran los cuerpos hacia una piara. y sigo, manchado, urdido por un idólatra de madera...¡soy el ídolo de los vegetales!...

hay un remanente que encubre un episodio: en el día 4 del año 7 de la era 100 habrán marchitado los predicamentos, y yo seré quien te invite a bailar sobre una fuente que contiene la cabeza de un nuevo bautista...Él cantará...versará sobre una y treinta y tres noches, el idilio inmanente, el caos perenne.

y ya que todos los caminos conducen al eje de lo indeterminado, voy a susurrarte algo al oído que hará que explotes y te conviertas en polvo, polvo de estrellas:

 ¡Mi Amor se ha hecho de un divino reloj!

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