Cuando uno escucha o ve una obra de arte verdadera, tiene la
sensación de que cada sonido, que cada color, que cada forma fuesen alimentados por
las ignotas fuerzas del universo.
Como si no saliese de un ser humano...
Pero el ser humano puede reunir y sintetizar esas
inconmensurables fuerzas y tornarlo en gran arte, elevando la existencia. La propia y la ajena.
Y ahí hay que llegar. Concebir la obra desde el cosmos, la
tierra, el corazón.
Lo orgánico trascendental.
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