Nota: El siguiente texto es un boceto que formaría parte de un escrito más extenso, de carácter vitalicio y que podría titularse "El Artista como Médium. Impresiones sobre..."
“Los grandes creadores artísticos, los que han tocado fondo en la
condición del hombre son eternamente actuales”
Repito la frase de Sábato, la
balbuceo casi...y este vino barato se va deshaciendo y me va colmando de
modesto gozo. En mi también modesto equipo suena una obrita llamada
Interstellar Space de John Coltrane. Debe de ser la quinta vez que la escucho
en mi vida, regreso a ella como quien extraña el hogar bendito…
y las emanaciones…
y la sensualidad…
Este hogar es una representación
y es infinito. Y es voluntad. Afirmación total. Y cada vez llego más a la
conclusión de que esta obra (¿difícil?), este registro, representa una de las
mayores y más nobles manifestaciones del Espíritu Humano. No sé si Ernesto habrá escuchado a Coltrane,
si lo habrá oído mentar siquiera. Pero no estaría más de acuerdo en que las
grandes obras de arte son atemporales. Y esta lo es. Se informa que la fecha
data de febrero del año 1967. Yo creo que pudo haber sido tocado unos tres mil
años antes de Cristo, en el comienzo de los tiempos, en algún lugar del año presente
lejos de la sordidez del reino artificial de las urbes, de esa mistificación de
la Vida….o quizás pueda creer que viene desde un tiempo próximo, remotísimo, como
un documento del futuro, el vestigio sonoro de la Humanidad después de un
aciago Armagedón. Una Buena Nueva, un renacer.
“Quiero hacer dibujos que golpeen a ciertas personas. Sorrow es un pequeño comienzo…” Vincent…
“Quiero ser capaz de darle a la gente
algo que se parezca a la felicidad. Quisiera descubrir algún proceso por el
cual si quiero que llueva, comience luego inmediatamente a llover…” Coltrane.
Sin embargo…¿No es exactamente lo
mismo? La misma búsqueda, la eternidad inconcebible. “I cannot imagine Art without implied convictions” ¡Y porqué perder
el tiempo en esas sutilezas! ¡Hoy que el desenfreno se ha apoderado de nosotros!,
que ya no consumimos, nos auto-consumimos porque nunca tenemos suficiente. Y en
cuanto a la música: hoy se oye muchísima pero se ESCUCHA CADA VEZ MENOS y esto
no sólo va para el público sino para los propios músicos. Tristemente. Es el
tiempo de los asesinos, que profetizó Miller…los poetas están muertos, y con
ellos la poesía se extingue- y la Poética… ¿Nadie recuerda ya el martirio de
Rimbaud, lo que significó su huida?...
Hoy un Coltrane es INCONCEBIBLE
en la era digital…de haber existido, de haber permanecido físicamente, lo más
probable es que haya decidido por irse a las montañas -si es que aún existe
alguna en donde el hacha compulsiva del "hombre productivo" no haya
llegado.
Hoy ese asesinato es
asintomático, siniestramente feliz, condescendiente. Asistimos hoy al
degollamiento paulatino de nuestras capacidades humanas –las verdaderas. Y
aplaudimos, y queremos más, exigímos más, en una suerte de club de ninfómanas en
agenda común.
El mundo de la era digital:
atiborrado de polillas que chocan y chocan contra una pantalla de luz,
tentadora, hiper-estimulante. CEGADORA. La plaga contemporánea de este planeta
se va perpetrando con nuestros movimientos –o la ausencia cada vez mayor de los
mismos. Coltrane o Van Gogh, sin embargo: ¡son luciérnagas proyectando la luz
desde sus propios cuerpos!
...iluminando (se) seguros en las
sombras.
Siempre buscando…inacabable
fuente…
No puedo permitir, sin embargo,
que dure más esta estimulante amargura. La esencial búsqueda de significado nos
pertenece a todos. Y es esa esencia en donde Coltrane parece que la vida misma
se le fuera, en cada nota, en cada exhalación junto a otro gran espíritu que lo
acompaña, Rashied Ali. Contaba Ali que, John, en sus
últimas presentaciones, era tan abismal su necesidad de expresión que el saxo
no le bastaba ya: en plena performance se quitaba el saxo de la boca y empezaba
a gritar…sin inhibición alguna:
«Deberíamos tirarnos al suelo y llorar cada vez que tenemos
ganas; pero hemos desaprendido a llorar... deberíamos poseer la facultad de
gritar un cuarto de hora al día por lo menos. Si queremos preservar un mínimo equilibrio, volvamos al grito...
la rabia, que procede del fondo mismo de la vida, nos ayudará a ello». (Emil Cioran)
No puedo arriesgarme a concluir
exactamente si este era LA sensación: ¿Cómo poder describir un sentimiento que
pueda abarcar TODAS las fuerzas del universo en el metabolismo de un ser tan
pequeño como el ser humano?
Pero el ser humano es la medida
de todas las cosas. Y un tipo como Coltrane, un ser humano como cualquiera de
nosotros, con sus propias falencias, vulnerable también en esta confusión
abismal, en la ilusión del mundo real de estos rascacielos, del hormigón, de
los supermercados, de los maniquíes vociferantes, de la deformación de la
naturaleza, de armas vendidas en conservas, de eunucos espirituales de saco y
corbata, del canibalismo sofisticado, de “amor desamorado”…decía, alguien como
Coltrane, tan mortal y tan limitado…pero que sin embargo estaba conectado con
el MISTERIO más que todos nosotros. Que pudo oír algo. Que pudo ver algo.
ALGO…y el futuro le pertenece, como a Rimbaud, Van Gogh, Dovstoievsky, Nietszche,
Artaud…o a Ernesto.
No me puedo considerar un
creyente, no soy más que una víctima de mis propias y recurrentes apostasías. Un
cachorrito desvalido en el Universo. Pero si somos capaces de poder escuchar lo
que escuchaba aquél hombre, imaginarlo siquiera, mientras da rienda suelta a
los poderes de su saxo lograremos La Epifanía.
Y para ello debemos desterrar
todo pre-concepto de cómo tiene que ser la música, de cómo tiene que ser
estructurada, dónde empieza, dónde acaba, cuál es su camino…Y eso John lo tenía
muy claro. Cómo no olvidar ese gran detalle, en 1960, en sus últimos días con
Miles Davis, cuando era terriblemente abucheado por buena parte de la audiencia
cada vez que terminaba un solo. Coltrane no veía limites, ellos sí. Coltrane ya
estaba buscando, ¡y ellos no estaban preparados! Y es justamente en su etapa final,
en las postrimerías de su corta vida cuando el gran público lo fue abandonando…pero
ya no había vuelta atrás. El último Coltrane es el más Coltrane de todos.
Un día las lágrimas brotaban ligeras de mis ojos. Una fuente inefable de catarsis…y mientras esas lágrimas
delineaban su descenso -¡quién sabe si ese líquido corporal no sea también otra
manifestación del sonido!- simultáneamente la exultación se apoderaba de mí…y
reía, reía dichoso…y bebía mis lágrimas con alborozo, y alzaba mis brazos
agradecido a la Vida…NAIMA, 1965…Bélgica…
Yo era…
Interstellar Space:
Así como “Ceci n'est pas une pipe”, esto tampoco no es ni un saxo, ni una batería…son moléculas
en constante colisión, el universo manifestándose a través de dos seres vivos,
como tú y yo. Y no señores, tampoco es jazz,
ni free jazz, ni avant-garde jazz:
Porque-no- se-puede-rotular-un-MILAGRO.
Porque en realidad la
música no se puede tocar.
Este año se celebra el 50 aniversario de esa magna obra llamada
A Love Supreme. Pues si A Love Supreme es la revelación de la Divinidad...
Interstellar Space es la TRANSFIGURACIÓN,
la demostración de que el ser humano (aquél)
terminó por convertirse en Sonido.
Hacia el Abismo Silente…
Hacia el Útero Insondable.
* Dedicado a la memoria de Máximo Damián. Otro gran espíritu que nos acaba de dejar. Injustamente, pero nosotros no le hicimos justicia.